Si no eres consciente pierdes el reino

Si no eres consciente pierdes el reino.

 

Un rey japonés envió a su hijo para que un maestro le enseñara a ser consciente.

El rey ya anciano le dijo a su hijo “Pon toda tu energia en aprender porque, salvo que seas consciente no vas sucederme. No voy a darle mi reino a alguien que está dormido e inconsciente. No es cuestión entre padres e hijos. Mi padre me lo dio a mí solamente después de haber alcanzado la conciencia. Yo no era la persona adecuada porque no era su hijo mayor, era el menor. Pero mis otros dos hermanos mayores que yo, no podían alcanzarla.

 

Lo mismo va a ocurrirte a ti. Y el problema es aún más complicado porque yo solo tengo un hijo. Si tú no alcanzas la conciencia, el reino irá a parar a manos de cualquiera. Tú serás un mendigo de la calle. Por tanto,, para ti es una cuestión de vida o muerte. Ve con ese hombre, él ha sido mi maestro. Ahora ya es muy mayor, pero sé que si alguien puede enseñarte, ese hombre es él. Dile: “Mi padre está enfermo, viejo y tengo que ser totalmente consciente antes de que muera, de lo contrario perderé el reino”

 

El hijo del rey fue al viejo maestro de las montañas. Le dijo: he sido enviado por tu discípulo, el rey.

El maestro era muy anciano, más que su padre. Le contestó: Recuerdo a ese hombre. Era realmente un auténtico buscador. Espero que demuestres tener la misma calidad, el mismo genio, la misma totalidad. La misma intensidad.

El joven príncipe afirmó: Lo haré todo.

A lo que el maestro respondió: Entonces empieza por limpiar la comuna. Y recuerda una cosa: que te golpearé en cualquier momento. Quizás cuando estés limpiando el suelo yo me acerque por detrás y te golpee con mi vara, así pues, mantente alerta.

El replicó: Pero yo he venido a aprender conciencia…

Y el maestro le comentó: Así es como aprenderás.

Pasó un año. Al Principio recibí muchos golpes cada dia, pero poco a poco empezó a estar más consciente. Hasta incluso las pisadas del viejo…, podía encontrarse haciendo cualquier cosa, por muy absorto que estuviera en su trabajo, inmediatamente se daba cuenta de que el maestro estaba rondándolo. El príncipe estaba preparado. Después de un año el maestro lo golpeo por la espalda mientras estaba muy enzarzado hablando con un compañero del ashram. Pero el príncipe continuó conversando y aun así pudo esquivar la vara antes de que le alcanzara el cuerpo.

El maestro le dijo: Está bien. Este es el final de la primera lección. Esta noche empezamos la segunda.

El príncipe contestó: Creí que esto era todo. ¿Esto es solo la primera lección? ¿Cuántas más quedan?

Depende de ti. La segunda lección consiste en que ahora te golpearé mientras duerme y tienes que mantenerte alerta cuando estés dormido.

El replicó: Dios mío. ¿Cómo puede uno estar alerta dormido?

El viejo aclaró: No te preocupes. Miles de discípulos han pasado la prueba. También tu padre la pasó. No es imposible. Es difícil, pero es un reto.

Y desde entonces, cada noche recibía golpes en seis, ocho o doce ocasiones. Era difícil dormir, Pero a los seis meses empezó a sentir dentro de él una cierta conciencia. Llegó un día que justo cuando el maestro iba a golpearlo, con los ojos cerrados le dijo: No te molestes. Eres demasiado viejo. Me duele que estés tomándote tantas precauciones. Soy joven, puedo sobrevivir a los golpes.

A lo que el anciano contestó: Bendito seas. Has superado la segunda lección. Pero hasta ahora he estado golpeándote con mi vara de madera. La tercera lección consiste en que ahora empezaré a golpearte desde mañana por la mañana con un espada auténtica. ¡Mantente alerta! Un solo momento de inconsciencia y estás acabado.

Por la mañana temprano, el maestro solía sentarse en el jardín, escuchar a los pájaros cantando, ver las flores abrirse, el sol naciendo. El príncipe pensó: ¡Ahora va a ser peligroso! Una vara de madera es dura, difícil, pero no iba a matarme. Una espada auténtica… Él mismo era un espadachín, pero no se le daba la oportunidad de protegerse; su única protección sería permanecer consciente.

Entonces se le ocurrió una idea: Este viejo es realmente peligroso. Antes de empezar la tercera lección me gustaría comprobar si él mismo puede pasar la tercera prueba o no. Si va a poner en riesgo mi vida, no puedo permitirle hacerlo sin haber comprobado si es merecedor de ello no. Esto era solo pensamientos que se le ocurrían mientras yacía en la cama. La mañana era fría.

El maestro le ordenó: ¡Sal de debajo de tu manta idiota! ¿Quieres golpear a tu propio maestro con una espada? ¡Avergüénzate! Puedo escuchar las pisadas de tus pensamientos…, abandona esa idea. Lo había escuchado; aunque no le había dicho hi hecho nada.

Los pensamientos también son cosas. Los pensamientos al moverse, también hacen ruido y quienes están completamente alerta pueden leer tus pensamientos. Aun antes de que tú los percibas, ellos pueden advertirlos.

El príncipe esta realmente avergonzado. Cayó a los pies del maestro y dijo: Perdóname, soy un auténtico estúpido.

Pero ya no se  trataba de un problema de una espada de verdad, empezó a ser consciente de todo lo que le rodeaba, incluso de su propia respiración, del latido de su corazón. Se daba cuenta de la más mínima brisa pasando entre las hojas, de una hoja caída volando en el viento. El maestro lo intentó unas cuantas veces pero siempre lo encontró preparado. No pudo golpearlo con la espada porque no podía sorprenderlo inconsciente, despistado. Siempre esta alerta. Era una cuestión de vida o muerte. No puedes permitirte estar de ninguna otra manera que no sea alerta.

Durante tres días el maestro no pudo encontrar ni un solo momento, ni un solo resquicio. Y después del tercer día, le llamó y le dijo: Ahora ya puedes marcharte y comunicar a tu padre que l reino es tuyo, aquí tienes un carta de mi parte.

Estar alerta es el proceso de mantenerse cada vez más despierto.

 

 

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