El optimista y el pesimista

El
optimista y el pesimista

 

Érase una vez dos niños, uno optimista y
otro pesimista. En casa, cada uno disponía de su propio cuarto de juegos. El
pesimista lo tenía todo lleno de juguetes que le habían regalado sus familiares
y amigos con motivo de su cumpleaños o como regalo de Navidad. Ahora bien, el
niño siempre los recibía con lágrimas, pues nunca le regalaban lo qué el más
quería: un tambor. Tal era su obsesión por conseguir un tambor que era incapaz
de contentarse con otros juguetes, por muy bonitos y divertidos que fuesen. Eso
explica por qué todos los regalos estaban tirados por el suelo, completamente
abandonados por su dueño.
El pequeño optimista no era tan afortunado. Lo único que tenía en su cuarto era
un triste montoncito de estiércol de la granja y un tenedor.
Una tarde, como tantas otras, los padres se asomaron a los cuartos de recreo de
sus hijos para verles jugar. Como de costumbre, el pequeño pesimista estaba
lloriqueando porque no lograba encontrar un tambor entre su enorme montaña de
juguetes. En el cuarto del pequeño optimista el panorama era bien distinto. Al
asomarse vieron a un niño risueño y feliz escarbando animadamente entre el
estiércol con el tenedor. Mientras removía la pestilente masa, se decía en voz
alta, con ojos llenos de emoción:
-Si tenemos estiércol en la granja, es porque hay un caballito cerca…

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