La renuncia

Un joven se puso a conversar con su padre sobre temas espirituales y sobre como libertar la mente de todos sus engaños. Desde niño había querido darle un significado a su vida y siempre había tratado de conocerse interiormente y mejorar. El padre escuchó con atención y cariño sus inquietudes y después dijo:

-Renuncia.

Tras este encuentro con su padre, el hijo decidió abandonar el hogar paterno y retirarse al bosque a meditar.

Pasaron varios años. Un día el padre del meditador llegó hasta este y tras abrazarle, le dijo:

-Renuncia.

El meditador pensó: «¿Pero a que más puedo renunciar? He renunciado a la vida familiar, a las comodidades mundanas, a la vida social. ¿A que más puedo renunciar?»

-Oh, padre! dicho, la verdad es que no encuentro la paz interior. He renunciado a todo y sigo sin hallar la calma mental y el sosiego del espíritu.

Pero el padre replicó:

-No, no has renunciado a todo. Cuando te dije que renunciaras, no me refería a cosas materiales, que es lo que has renunciado. ¿Que más da que vayas vestido o desnudo, que comas o dejes de comer, que duermas en una cama o sobre piedras) No me refería a ese tipo de renuncia. Debemos aprender a poseer cosas materiales sin dejar que ellas nos posean. Cuando te hablé de renuncia, me refería a la renuncia de tu ego, tu odio, tu apego, tus opiniones y puntos de vista, tu orgullo y tu falso amor propio. Esa es la verdadera renuncia, porque al renunciar al ego encontramos la conciencia pura y el sosiego imperturbable. Recoge tus pocas cosas y vuelve a casa.

Cuentos de los grandes maestros espirituales.  Ramiro A. Calle

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