La rosa y el sapo

Había una vez una rosa roja muy hermosa y bella.
Que maravilla al saber que era la rosa mas bella del jardín. Sin
embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos.

Un
día se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un
sapo grande y oscuro y que era por eso que nadie se acercaba a verla de
cerca. Indignada ante lo descubierto le ordeno al sapo que se fuera de
inmediato; el sapo muy obediente dijo: Esta bien, si así lo
quieres. Poco tiempo después el sapo paso por donde estaba la
rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin
hojas y sin pétalos. Le dijo entonces: Vaya que te ves muy mal.
¿Que te paso? La rosa contesto Es que desde que te fuiste las
hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a
ser igual. El sapo solo contesto, Pues claro, cuando yo estaba
aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la
mas bella del jardín.

 COMENTARIO:
Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos mas
que ellos, mas bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada..
Dios no hace a nadie para que este sobrando en este mundo, todos
tenemos algo especial que hacer, algo que aprender de los demás
o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie.

Un cuento hindú

Un vendedor de sombreros, al despertar tras echar una
cabezada a la sombra de un árbol, se encontró con que unos monos habían cogido
todos sus sombreros. Enrabietado, se quitó el sombrero que lleva puesto y lo
tiró al suelo.
Los monos, con su tendencia a la imitación, también arrojaron los suyos. Entonces
el vendedor corrió a recogerlos y se marchó. Medio siglo después su nieto,
también vendedor de sombreros, colocó su mercancía bajo el mismo árbol y se
echó una siesta. Al despertarse, los monos se habían llevado todo. Recordó la
historia de su abuelo y tiró su sombrero al suelo… Pero ninguno de los monos
le imitó. Al rato uno de ellos bajo del árbol y le dijo: "¿Creías que los
demás no hemos tenido abuelo?"

El Carpintero

No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas
adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio
que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro,
compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma
continua. Esta larga y beneficiosa colaboración termino
repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido y que
fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos,
hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido
de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la
puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero.
"Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el extraño,
"quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones
aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso". "Sí",
dijo el mayor de los hermanos, "Tengo un trabajo para usted. Mire al
otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno,
de hecho es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa
pradera entre nosotros y el tomó su buldózer y
desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros.
Bueno, el pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer
una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al
granero? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de
alto, no quiero verlo nunca más."

El carpintero le dijo: "Creo que comprendo la situación.
Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los
hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo
dejará satisfecho."

El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los
materiales y dejó la granja por el resto del día para ir
por provisiones al pueblo. El carpintero trabajo duro todo el
día midiendo, cortando, clavando. Cerca del ocaso, cuando el
granjero regresó, el carpintero justo había terminado su
trabajo.

El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su
quijada cayó. ¡No había ninguna cerca de dos
metros! En su lugar había un puente -¡un puente que
unía las dos granjas a través del arroyo!- Era una fina
pieza de arte, con todo y pasamanos.

En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y
abrazando a su hermano le dijo: "¡Eres un gran tipo, mira que
construir este hermoso puente después de lo que he hecho y
dicho!".

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que
el carpintero tomaba sus herramientas. "¡No, espera!", le dijo el
hermano mayor.

"Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para
ti" , le dijo el hermano mayor al carpintero. "Me gustaría
quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes por
construir".

La felicidad

Un cuento hindú – La felicidad

Un gato grande ve como un gatito da vueltas sobre si mismo, y tratando de agarrarse la cola, y le pregunta: ¿Por qué lo haces? y el gatito responde: ¿Porque he aprendido que lo mejor es la felicidad y mi cola es la felicidad".
El gato grande replica: "Yo también se que mi cola es la felicidad. Pero me he dado cuenta que, cuando la persigo, se me escapa. Y cuando me centro en hacer lo que tengo que hacer, ella viene detrás de mi a cualquier sitio que yo vaya".

Aprendiendo de las flores

Por qué continuar luchando
Una rosa que deseaba la compañía de las abejas, pero ninguna se le acercaba.
A pesar de todo, esta flor aún era capaz de soñar: Cuando se sentía
sola, imaginaba un jardín cubierto de abejas, y que todas venían a
besarla. Y conseguía resistir hasta el próximo día, cuando, una vez
más, abría sus pétalos.
-¿No te sientes cansada? –alguien debe haber preguntado.
-No. Tengo que continuar luchando –responde la flor.
-¿Por qué?
-Porque si no me abro, me marchito.

 Aprendiendo a ver
Buda reunió a sus discípulos y les mostró una flor de loto.
-Quiero que me digáis algo sobre esto que tengo en las manos.
El primero hizo un verdadero tratado sobre la importancia de las
flores. El segundo compuso una bonita poesía sobre sus pétalos. El
tercero inventó una parábola usando la flor como ejemplo.
Cuando le tocó el turno a Mahakashyap, éste se aproximó a Buda, olió la flor, y acarició su rostro con uno de los pétalos.
-Es una flor de loto –dijo Mahakashyap. –Simple, como todo lo que viene de Dios. Y bella, como todo lo que viene de Dios.
-Tú has sido el único que has visto lo que tenía en las manos –fue el comentario de Buda.

 En busca de un sabio
Durante días, la pareja caminó casi sin cruzar palabra. Finalmente llegaron al centro del bosque, y encontraron al sabio.
-Mi compañera casi no ha hablado conmigo durante el viaje –dijo el chico.
-Un amor sin silencios es un amor sin profundidad –respondió el sabio.
-¡Pero ella ni siquiera me ha dicho que me quiere!
-Hay personas que no paran de repetir esto, y al final acabamos por desconfiar de sus palabras.
Los tres se sentaron sobre una roca. El sabio apuntó hacia el campo de flores que tenían a su alrededor.
-La naturaleza no repite constantemente que Dios nos ama. Pero lo podemos comprender a través de sus flores.

En la floristería
La mujer caminaba por un centro comercial cuando se fijó en el cartel:
una nueva floristería. Al entrar, se llevó un susto: no vio ninguna
maceta, ningún ramo, ninguna cesta, pero era Dios en persona quien
atendía en el mostrador.
-Puedes pedirme lo que quieras –dijo Dios.
-Quiero ser feliz. Quiero paz, dinero, facilidad para hacerme entender.
Quiero ir al cielo cuando muera. Y quiero que todo esto se conceda
también a mis amigos.
Dios se dio la vuelta y
abrió algunos botes que estaban en el estante, sacó de dentro algunos
granos, y le extendió la mano a la mujer.
-Aquí tienes las semillas –dijo. –Comienza por plantarlas, que aquí no tenemos los frutos.

Las 4 velas

Las cuatro velas se quemaban lentamente.

En el ambiente había tal silencio que se podía oír el diálogo que mantenían.

 

La primera dijo: 

– ¡YO SOY LA PAZ!

Pero las personas no consiguen mantenerme.

Creo que me voy a apagar.

Y, disminuyendo su fuego rápidamente, se apagó por completo.

 

Dijo la segunda: 

– ¡YO SOY LA FE!

Lamentablemente a los hombres les parezco superflua.

Las personas no quieren saber de mí.

No tiene sentido permanecer encendida.

Cuando terminó de hablar, una brisa pasó suavemente sobre ella y se apagó.

 

Rápida y triste la tercera vela se manifestó: 

– ¡YO SOY EL AMOR!

No tengo fuerzas para seguir encendida.

Las personas me dejan a un lado y no comprenden mi importancia. Se olvidan hasta de aquellos que están muy cerca y les aman.  

Y, sin esperar más, se apagó.

 

De repente…

Entró un niño y vio las tres velas apagadas.

        Pero, ¿qué es esto? Deberíais estar encendidas hasta el final.  

Al decir esto comenzó a llorar.

 

Entonces, la cuarta vela habló:

– No tengas miedo, mientras yo tenga fuego, podremos encender las demás velas.

 YO SOY

¡LA ESPERANZA!

Con los ojos brillantes, agarró la vela que todavía ardía…

Y encendió las demás.

¡QUE LA ESPERANZA NUNCA SE APAGUE DENTRO DE NOSOTROS!

¡…y que cada uno de nosotros sepamos ser la herramienta que los niños necesitan para mantener la Esperanza, la Fe , La Paz y El Amor!!!

MANTEN LA LLAMA ENCENDIDA SIEMPRE!!!

Cuentos de Oriente

CONCRECIÓN

Aunque era un
buscador serio y motivado, siempre estaba sumido en profundas reflexiones
metafísicas que no le conducían a ninguna parte. Aunque había leído
innumerables textos y escuchado a un gran número de maestros, cada día estaba
enredado por sus abstracciones metafísicas y conceptos filosóficos. Un amigo le
dijo: “Lo que tú necesitas es un maestro muy pragmático y que no te siga
proporcionando abstracciones metafísicas o filosóficas que aún enturbien más tu
visión”. Era un buen consejo y el buscador, cada día más confundido, decidió
buscar un maestro así.

Un día le hablaron de uno así y presto, se puso en marcha
hacia él. De momento el maestro le ordenó:

       
Siéntate tres
días frente a mi casa y mantén tu mente tan serena como puedas. Nada de
reflexiones; nada de pensamientos; nada de averiguaciones filosóficas.

Tres días después, el maestro lo aceptó y el
discípulo, compulsivamente, lo primero que hizo fue preguntarle al mentor si
existía un espíritu o no.

El Maestro le dio un buen tirón de orejas, y el hombre protestó:

       
No es muy gentil
por vuestra parte lo que acabáis de hacer.

       
¡No me vengas con
pamplinas a estas alturas de mi vida! – replicó el maestro.
Maestro y aspirante salieron a dar un largo paseo.

       
Maestro, cuando
un ser liberado muere, ¿sigue o no sigue existiendo en alguna parte?
El maestro comenzó a coger moras silvestres y a degustarlas en silencio.
El discípulo protestó:

       
No es muy amable
por vuestra parte no responder cuando uno le habla.

El maestro le miró con expresión severa y dijo:

       
Yo estoy en el
presente, comiendo estas deliciosas moras, y tú estás, como un verdadero
estúpido, más allá de la muerte.

Se sentaron a reposar bajo un frondoso árbol, cerca de un
arroyo.

       
Maestro, ¿hay un
ser supremo que creó el mundo o todo es producto de la casualidad?

       
¡Déjate ya de
vanas preguntas! – le increpó el maestro, y añadió -: Ahora voy a preguntarte
algo muy concreto: ¿Escuchas el rumor del arroyo y el trino de los pájaros;
hueles la brisa perfumada y sientes su caricia sobre  tu piel; notas la tierra firme debajo de tu
cuerpo?

       
No – repuso el
discípulo, sin poder evitar estar rumiando ideas y opiniones en su mente.

Y el maestro concluyó:

– Pues lamento decirte que eres realmente incorregible. Ve a otro maestro
que te llene la cabeza de ideas y permíteme a mí seguir escuchando el rumor del
arroyo y sintiendo la amable caricia de la brisa sobre mi cuerpo.

M: La mente siempre está
en el pasado o en futuro; en lo que fue o en lo que pueda ser, y se extravía en
sus opiniones, ideas y conceptos, resistiéndose a la gloria y frescura del
momento. Así la mente se vuelve un archivo, pero pierde su capacidad para
ejercitarse y
expandirse de instante en instante.

 Si te aferras a tu mente, a tus pensamientos… el problemas más insignificante te acabrá comiendo. Aprende a resistir. Fija tu atención en otra cosa y podrás salir de tu mente.  Respira y hazlo siempre con amor.

La actitud

Sabiduria china

Había una vez un campesino chino, muy pobre,
pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo.

Un día el hijo le dijo: "¡Padre, qué desgracia, se nos ha ido el
caballo."

"¿Por qué lo llamas desgracia?"
Respondió el padre, "Veremos lo que trae el tiempo."

A los pocos días, el caballo regresó
acompañado de una preciosa yegua salvaje. "¡Padre, que suerte!"
Exclamó el muchacho. "Nuestro caballo ha traído otro caballo más."

"¿Por qué le llamas suerte?"
Repuso el padre, "Veamos qué nos trae el tiempo."

Unos días después, el muchacho quiso montar
el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado a un jinete, se encabritó y lo arrojó
fuertemente al suelo.

El muchacho se quebró una pierna.
"¡Padre, ¡qué desgracia!" dijo él, "¡Me he quebrado la
pierna!"

Y el padre retomando su experiencia y sabiduría sentenció: "¿Por qué lo
llamas desgracia? ¡Veamos que trae el tiempo!"

El muchacho no se convencía de la filosofía
del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después, pasaron por la
aldea los enviados del rey buscando jóvenes para llevárselos a la guerra.
Vieron en la casa del anciano, a un joven entablillado y lo dejaron, siguiendo
de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay
que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que
darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.

La vida da tantas vueltas y es tan
paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno y lo bueno, malo. Lo mejor
es esperar siempre el día de mañana, pero sobre todo confiar en Dios,

Porque todo sucede con un propósito positivo
para nuestras vidas y para el plan infinito. Así que esperemos el día de mañana
con alegría, ¡vivamos el hoy con plenitud!

El viejo Samurai

Leyenda Japonesa

Era una vez un Gran Samurai que vivía cerca
de Tokio.
Aunque viejo, se dedicaba a enseñar el arte Zen a los jóvenes.

A pesar de su edad, corría la leyenda de
que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierta tarde, un guerrero conocido por su
total falta de escrúpulos apareció por allí. Quería derrotar al Samurai y
aumentar su fama.
El viejo aceptó el desafío y el joven comenzó a insultarlo.
Pateó algunas piedras hacia él, escupió en su rostro, gritó
insultos, ofendió a sus ancestros
…etc.

Durante horas hizo todo
para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.
Al final del día, sintiéndose ya exhausto y humillado, el guerrero se retiró.
Y los alumnos, sorprendidos, preguntaron al maestro como pudo él soportar
tanta indignación.

 

        
Si alguien llega hasta
ustedes con un presente, y ustedes no lo aceptan, ¿a quien pertenece
el presente?  A quien intentó entregarlo, respondió uno de los discípulos.

 
– Lo mismo vale para la injuria, la rabia, la calumnia y  los insultos.                                      Cuando no
son aceptados, continúan perteneciendo a quien los traía consigo.

 

Tu paz interior depende exclusivamente de ti.

 

Las personas no pueden quitarte la calma.

 

Solo sucederá si tú lo permites.

 

Los dos ratones y el vaso de leche

LOS DOS
RATONES Y EL JARRO DE LECHE

 

Dos ratoncitos cayeron dentro de un jarro de leche. Al
quedar el borde del jarro demasiado lejos, quedaron atrapados en el interior
del recipiente. Se pusieron a nadar frenéticamente para no hundirse. Llevaban
agitándose así un buen rato, cuando uno de los dos perdió toda esperanza y
abandonó la lucha. Dejó de nadar y se ahogó. El otro extenuado, decidió seguir
luchando hasta el límite de sus fuerzas. Nadó y nadó sin descanso. De repente
la leche se convirtió en mantequilla y apoyándose sobre esta nueva materia, el
ratoncito saltó por encima del borde y escapó.

 

COMENTARIO: ¡Hay que luchar hasta el último segundo, no
rendirse y mantener siempre la esperanza!